jueves, 5 de junio de 2014

SAN LUIS DE PALENQUE





Siempre escuche la voz de la inocencia
A la infancia me siento acostumbrado
Nítidas brisas refrescan la cabeza
Los vientos fuertes me entristecen
Unas veces la tormenta me fascina
Inquieta se pone el alma
Seré el niño que aquel día
Dejar los mundos y llego a la tierra umbría
Encontré la dicha en el planeta
Puedo vivir con la muerte de la mano
A ella la adoro y la mira con respeto
Los niños no le temen, yo tampoco
En la tierra se vive alegremente
Nacen amores y pasiones brillantes
Que hacen de la tierra un mundo diferente
Unido a ella me siento nuevamente
En los atardeceres, el sol brilla diferente

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