miércoles, 25 de junio de 2014

SAN ANTONIO





Suspiraba una niña pensativa
A su alma la dejaba acariciar
Navego por los mares del olvido
Arrullando los corazones encendidos
Nunca escucho los latidos del amor
Tímida niña que despertó una mañana
Orando con el rosario de sus besos
Nació de nuevo, en el jardín de las hermosas
Iluminando con su color de rosa
Olvido su candor de mariposa

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